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Escrito por:
jcgadze
23/01/2012 01:34 p.m.
Uno de los errores más habituales que se comete en proyectos es el de hacer más que lo necesario. Esta práctica surge al querer exceder los requerimientos establecidos, como consecuencia de, entre otras razones, “quedar bien con el cliente o con el jefe”.
Sin embargo, cada proyecto es un “traje a medida”, diseñado y elaborado según los requerimientos reales y expresos de su cliente, quien debería, además, contar con los recursos y plazos acordes.
Es decir, se trata de establecer los requerimientos reales del cliente y/o usuario del proyecto, tanto los explícitos como los implícitos (los que no dice o no menciona por falta de conocimiento). No satisfacer estos últimos es la causa de los problemas futuros, pues cuando el sistema se comience a usar, como no fueron expresamente solicitados, seguramente alguien reclamará su presencia, pues era “obvio” que debían estar.
También en este proceso, conviene diferenciar entre requerimientos “imprescindibles” y “deseables”, siendo éstos aquellos que, por falta de recursos o tiempo, pueden quedar para otra versión del producto o para otro proyecto. Esta distinción permite asignar los recursos escasos a lograr los requisitos imprescindibles, sin los cuales el resultado del proyecto no alcanzará a satisfacer las mínimas necesidades y expectativas del cliente o usuario.
Por lo tanto, llevar adelante el proyecto significa entonces desarrollar un sistema que satisfaga los requerimientos, tanto explícitos como implícitos, todos ellos imprescindibles para que las funcionalidades logradas permitan al cliente obtener la respuesta buscada.
¿Hacer más de lo pedido, no es una forma de asignación ineficiente de recursos?